Conecta con nosotros

Alterrados

Las heladas hacen más daño que el granizo

Actualidad

Las heladas hacen más daño que el granizo

Las heladas hacen más daño que el granizo

Lo dice el “Doctor Frío”, que estudia uno de los enemigos más peligrosos de la vitivinicultura

Francisco González Antivilo es ingeniero agrónomo, doctorado, ex investigador del CONICET y uno de los pocos especialistas dedicados al estudio de las heladas a nivel mundial. En el ambiente académico, a estos especialistas se los conoce casi en broma como “friólogos”. Son apenas unas 50 personas en todo el mundo. En Mendoza, Francisco decidió meterse de lleno en un problema que puede costarle muchísimo dinero al productor: entender qué le pasa a una planta cuando llega el frío extremo y, sobre todo, cómo hacer para que sobreviva.

Hay enemigos que llegan haciendo ruido. El granizo es uno de ellos. Se anuncia con tormentas, golpea, rompe, deja marcas visibles y, cuando se va, nadie tiene dudas de lo que ocurrió.

La helada es diferente. Puede llegar en silencio, extenderse sobre enormes superficies y dejar una cuenta mucho más grande de la que parece. Y en Mendoza, según explica González Antivilo, a escala provincial la helada puede ser un problema incluso peor que el granizo.

Francisco, el “Doctor Frío”

González Antivilo llegó al mundo de las heladas casi por accidente. Todo comenzó cuando le llevaron una planta muerta y rajada y nadie podía explicar con claridad qué había ocurrido. Esa falta de respuestas lo llevó a detectar un verdadero “nicho agronómico”: había mucho por investigar sobre el frío y sus efectos sobre los cultivos. Cuando decidió hacer su doctorado descubrió algo todavía más llamativo: había poca información científica disponible sobre un fenómeno que puede generar pérdidas económicas enormes.

No es solamente un agrónomo que conoce las heladas. Es un investigador que hizo de ese fenómeno su especialidad, estudió el problema en Estados Unidos y luego volvió al país para intentar entender por qué una misma planta puede comportarse de manera completamente diferente frente al frío según el lugar donde crece.

El misterio del Malbec: ¿por qué acá se muere a -10 °C y allá aguanta -25 °C?

Una de las preguntas centrales de su investigación surgió durante su doctorado en el estado de Washington. Francisco estudió allí el comportamiento del Malbec y se encontró con una contradicción que parecía difícil de explicar: si en Estados Unidos una vid podía soportar temperaturas cercanas a los -25 °C, ¿por qué en Mendoza podía morir alrededor de los -10 °C?

La planta era la misma. El frío, aparentemente, también. Pero el resultado no.

La respuesta está, en buena medida, en la adaptación de la planta al ambiente. Según explica González Antivilo, las plantas activan distintos mecanismos a medida que sienten frío. En Mendoza, las condiciones de continentalidad y la gran amplitud térmica hacen que la planta atraviese cambios bruscos que pueden volverla más vulnerable frente a un descenso extremo de temperatura.

Es decir: no alcanza con decir “la vid soporta hasta tantos grados bajo cero”.

La temperatura crítica depende de dónde está esa planta, de cómo llegó hasta ese momento y de las condiciones que atravesó previamente.

Y ese detalle puede cambiar completamente una decisión productiva.

La ciencia de congelar una planta para salvarla

Estudiar una helada tiene un problema evidente: no se puede esperar que ocurra una cada vez que un investigador necesita hacer un experimento. Por eso, una parte fundamental del desarrollo de esta disciplina fue la creación de simuladores de heladas, verdaderas cámaras capaces de reproducir artificialmente las condiciones de frío y permitir estudiar qué ocurre dentro de los tejidos vegetales.

Los investigadores pueden colocar allí plantas completas o muestras de tejidos y medir qué sucede cuando el agua comienza a congelarse.

Una de las técnicas utiliza sensores que detectan el pico de voltaje producido cuando el agua del tejido se congela y libera energía. De esta manera se puede determinar cómo y cuándo se congelan diferentes partes de la planta. La otra alternativa es observar el tejido y comprobar si se vuelve marrón después del daño. La primera permite analizar muchas muestras y obtener resultados estadísticamente más confiables.

La helada dejó de ser solamente “hace frío” para convertirse en un fenómeno que puede medirse, estudiarse y anticiparse.

Mendoza todavía llega tarde

El problema, para el investigador, es que la incorporación de estas herramientas todavía avanza demasiado lentamente. Las grandes empresas y los productores que cuentan con departamentos técnicos han comenzado a incorporar mediciones y sistemas de monitoreo. Pero el productor tradicional todavía está lejos de adoptar masivamente estas herramientas. Y ahí aparece una de las grandes paradojas del agro mendocino.

La helada puede llevarse en una sola noche una enorme cantidad de dinero, pero todavía cuesta invertir antes para intentar evitar ese daño.

González Antivilo plantea que la adopción debería ser mucho más rápida porque una contingencia de este tipo puede ser devastadora en un contexto de rentabilidad ajustada.

 

Continue Reading

Sarasa. Me avisaron y me quedé. Amo a mi familia y al vino. Mendoza es mi lugar.

Click para comentar
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

More in Actualidad

arriba