Marcelo Alejandro Toledo, magíster, profesor titular de la UTN y coordinador técnico del Plan Hídrico de Mendoza, advirtió en el programa Hermoso Caos de Aconcagua Radio que los modelos climáticos anticipan un «Súper Niño» para esta temporada, con mayores precipitaciones níveas y pluviales en la provincia. Recordó los antecedentes históricos de grandes crecidas y detalló las medidas de prevención que deben tomar los mendocinos.
El fenómeno de El Niño —una variación de la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial— vuelve a estar en el centro de la escena. Según explicó Toledo, los modelos disponibles indican que este año podría producirse un «Niño fuerte», categoría que hoy se denomina Súper Niño, con un incremento de más de 2°C en la temperatura marina. Ese salto térmico, aunque ocurre a miles de kilómetros de distancia, repercute de lleno en el clima regional: más nieve en la cordillera durante el invierno y más probabilidades de lluvias intensas en el verano.
El especialista situó el fenómeno en perspectiva histórica. En el verano 2014-2015, cuando la variación fue de 2,1°C, Mendoza atravesó una emergencia pluvial, con aludes en la Ruta Nacional 7 y localidades aisladas en Las Heras. Pero el antecedente más severo del siglo XX fue el Niño de 1996-1997, con una variación de 3,1°C, que provocó crecidas históricas en los ríos de montaña —Las Heras, Cacheuta— y víctimas fatales por arrastre en cruces de badenes, un episodio que quedó registrado el 15 de enero de 1997.

Los zanjones urbanos: por qué siempre van a estar llenos
Consultado sobre el comportamiento de los colectores pluviales del Gran Mendoza —como el Cacique Guaymallén, que en tormentas recientes estuvo a punto de desbordar—, Toledo explicó que estos canales están diseñados con una capacidad limitada y que «van a ir llenos» cada vez que haya una tormenta convectiva de verano, sin necesidad de un evento como el Niño. El sistema hidráulico mendocino, a diferencia de otras ciudades con acueductos subterráneos, es completamente superficial: las propias calles funcionan como canales que conducen el agua hacia los colectores. Por eso, remarcó, ver agua corriendo por las calles durante una tormenta es parte del funcionamiento normal del sistema y no debería generar pánico, aunque sí exige evitar la circulación de autos y, sobre todo, de peatones, porque el agua tapa la referencia visual de calles y acequias.
El pasado que explica el presente: del Zanjón a los edificios con sótano
Toledo repasó cómo el área fundacional de Mendoza —donde hoy está la Plaza Pedro del Castillo— fue, históricamente, una zona baja por la que corrían «aguas bravas» desde el siglo XVIII, al punto de haberse llevado la antigua iglesia de Loreto y el Cabildo en una inundación. Ese antecedente explica por qué la ciudad cuenta hoy con colectores construidos entre las décadas del 80 y el 90 para conducir el agua hacia el canal Cacique Guaymallén.
También recordó la tormenta del 31 de diciembre de 1959, conocida como «la tormenta de la heladera», quizás la más grande registrada en la historia de Mendoza: el agua corrió como un río por calle San Martín e inundó sótanos, arrastrando electrodomésticos. El especialista fue categórico respecto a los edificios con subsuelo: nunca hay que descender a un sótano con agua en el piso, por riesgo eléctrico y de caídas.
Piedemonte y ordenamiento territorial
Sobre el crecimiento urbano hacia el oeste —con el caso de Vertientes del Piedemonte, en Luján de Cuyo, como ejemplo recurrente—, Toledo explicó que gran parte del Gran Mendoza se construyó sobre el sistema natural de cauces y zanjones: calles como Pueyrredón, Emilio Civit o Suipacha fueron, en su origen, canales. Actualmente ese sector está protegido aguas arriba por el colector Blanco Encalada, pero el especialista advirtió que persisten subdivisiones de terreno que ocupan —muchas veces sin saberlo quienes las habitan— zonas de escurrimiento. Su recomendación es tajante: los cauces principales deben mantenerse siempre libres.
Alta montaña: aludes, glaciares y el rol del dique Potrerillos
En la alta cuenca, Toledo señaló que Mendoza combina una cordillera de hasta 6.900 metros con glaciares y nieve, desierto a 600 metros y una fuerte urbanización intermedia. El aumento de las temperaturas está haciendo que la fusión de la nieve sea más rápida y que las precipitaciones lleguen más arriba en altura, lo que puede derivar en aludes y arrastre de rocas y materiales sueltos en las rutas de montaña.
En ese contexto, destacó el rol regulador del dique Potrerillos, dimensionado para retener crecidas del orden de 1.800 a 2.000 metros cúbicos por segundo, muy por encima de los caudales registrados en eventos históricos como el Niño de 1982-1983, cuando el río Mendoza llegó a superar los 1.000 metros cúbicos por segundo y se llevó parte del dique Cipolletti y un puente de la Ruta 15.
«Lo primero es la concientización»
Toledo confirmó que mantiene contacto permanente con la Dirección de Hidráulica y con el Departamento General de Irrigación para monitorear la evolución del fenómeno. Consultado sobre las prioridades para preparar a la provincia, ubicó en primer lugar a la concientización ciudadana, seguida por el mantenimiento de la infraestructura hidráulica —presas, colectores aluvionales y canales de riego, que también actúan como colectores pluviales— y por la gestión municipal de las calles, que deben entenderse como parte del sistema hidráulico y no solo como infraestructura vial.
Las recomendaciones del especialista frente a las grandes lluvias del Súper Niño
- Evitar la circulación durante tormentas. Autos, camionetas, camiones y, especialmente, peatones: cuando las calles se llenan de agua se pierde la referencia visual de calzadas, acequias y pozos, lo que puede provocar caídas graves.
- Nunca cruzar un badén, aunque el tirante de agua parezca bajo. Es la principal causa histórica de víctimas fatales en estos eventos.
- No bajar jamás a un sótano con agua en el piso, por riesgo eléctrico y de resbalones. Quienes viven en edificios con subsuelo o accesos bajo el nivel de vereda deben reforzar el cierre de ventanas y aberturas expuestas.
- Resguardar vehículos en lugares altos y, de ser posible, subir bienes a niveles superiores para dejar libre el paso del agua por la calle.
- No arrojar escombros, ripio ni materiales de construcción a la vía pública: son la principal causa de obstrucción de colectores y zanjones.
- No alarmarse al ver agua corriendo por las calles durante una tormenta: es el funcionamiento normal del sistema hidráulico superficial de Mendoza, que no cuenta con acueductos subterráneos como otras ciudades.
- Respetar las zonas de escurrimiento natural en sectores de piedemonte: no deben ocuparse ni obstruirse los cauces, aun cuando a simple vista parezcan secos.
- Extremar la precaución en rutas de montaña, atentos a la posibilidad de aludes y arrastre de rocas por derretimiento acelerado de nieve y glaciares.
- Seguir las campañas oficiales de limpieza y concientización de municipios, Irrigación y Dirección de Hidráulica, que forman parte central de la preparación provincial ante el fenómeno.