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Ribera del Cuarzo: El faro que busca iluminar al vino patagónico

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Ribera del Cuarzo: El faro que busca iluminar al vino patagónico

Ribera del Cuarzo: El faro que busca iluminar al vino patagónico

Un día completo en Ribera del Cuarzo te hace poner el pie en el freno. Solo se necesita una hora de avión desde Mendoza a Neuquén y luego 120 minutos a traves de una ruta que tiene semáforos (malditos) por interminables segundos. Sin embargo, la charla con los colegas y socios de la aventura y con la incansable chofer Rosario la hace más que llevadera. De repente, de ese Neuquén que vaticinan será cada vez más rico gracias a Vaca Muerta, sin querer y sin pedir permiso, estás en Río Negro. Nuestro próximo destino es Valle azul. En el correr de esos kilómetros aparecen las manzanas, las peras y los duraznos de esa tierra próspera para la fruta. El camino de tierra te recibe y le ponemos proa hacia las bardas, que dicen los que saben, tienen 33 millones de años esperando a la vid.

Llegar y disfrutar el atardecer

El sol se despide de la primera tarde en la Patagonia y le abre la puerta a un cielo inmenso y estrellado. Te recuerda que somos apenas un punto en espacio y tiempo. Es el momento del vermú Cantieri, Bianco y Rosso. Inspirados en los vientos de los mares, se expresan con botánicos del lugar. El cordero se recuesta en las llamas de Jesús, que con mucha paciencia lo adoba para que en la noche sea lo que fue, un manjar. Y aparecieron los vinos. El Merlot y el Malbec se convirtieron en héroes para que la cena y la charla fueran perfectas.

Amanecer de un día agitado

Descanso, desayuno de campeones y caminata hacia el viñedo. Se viene la ceremonia y desentierran, por primera vez en la historia de Ribera, los cuernos rebosantes de cuarzo para hacer el preparado 501 que nos marca el camino de la biodinamia. Y allí es más sencillo que en otros puntos de la Argentina. Poco hay cerca. Nada que contamine el paisaje. No existe la deriva y los vientos del lugar ayudan a conservar las plantas libres de males. Es el turno de Mabel Fernández y Fernando Enfarrell. Dos agrónomos que llevan adelante la tarea en el terruño. Explican las bondades de la uva que terminará en la botella. Mabel asegura que las condiciones sobran para evitar todos los riesgos de contaminación. Fernando llegó desde Mendoza y se encontró con un desafío grande, con suelos diferentes, con agua en cantidades y con una amplitud térmica muy importante. «Las heladas nos presentaron un verdadero reto» dice el ingeniero.

Caminar hacia y en la barda

Reconocer el lugar es empezar (un poquito), a entender estos vinos diferentes. La magnitud del paisaje y las piedras sedimentarias explican muchas cosas. Esa tierra de cazadores, pumas, chanchos jabalíes, llamas, liebres y cuises empieza a expresarse. Son ásperas y te lo dicen a cada minuto. Las espinas dejan sus marcas. El agua también hace lo suyo y ya dejó el mensaje de que, a la primera de cambio, va a pasar por allí.

El recorrido termina en un lecho seco con un par de vinos blancos, Pátinas Blancas y un chardonnay por venir. La tarde es de la bodega y del juego de los vinos nuevos con la enóloga Eugenia Herrera. Pensar en cepas y en el futuro de los caldos de 2026.

Viaje de egresados

La tarde se volvió gris y nos regala un poco de lluvia. Nos vamos a la Isla Don Sergio, un pequeño paraíso biodinámico donde conviven ovejas, gallinas, conejos, frambuesas, nueces y muchas cosas más. La Familia Dalla Vecchia, la agrónoma Mabel y su marido, nos llevan a recorrer su lugar mate en mano. El agua del cielo se fue y Valle Azul, en Río Negro, nos regala un atardecer impecable y emocionante.

Un poco de historia

La familia Menéndez, con tradición vitivinícola, se estableció en la Patagonia en 1875 y desarrolló una importante actividad lanera en Tierra del Fuego. En paralelo, Melchor Concha y Toro fundó su reconocida bodega en Chile. Décadas después, ambas familias se unieron a través del matrimonio de Julio Menéndez Préndez con María de la Luz Ross Ossa, abuelos de Felipe Menéndez, dando origen a una nueva generación vinculada al mundo del vino.

Felipe Menéndez continuó esa tradición al iniciarse en la vitivinicultura en la bodega Catena Zapata, donde, junto a Nicolás Catena, adquirió conocimientos clave sobre el cultivo de la vid y la elaboración de vinos.

Felipe no para. Tiene batería de litio. Pienso que, a la noche, además de dormir, tiene recarga con USB. Apasionado por lo que hace y por la Patagonia, la recorrió varias veces. En camioneta y a caballo. La charla fluye todo el tiempo. Nos tomamos un rato para hablar del lugar y de su amor por el Merlot. «La Patagonia todavía tiene enormes oportunidades a descubrir. En el año 2026 uno puede seguir viviendo la experiencia de descubrir cosas y eso no abunda en el mundo moderno. La búsqueda nuestra está hoy acá, concentrada en Valle Azul con este viñedo, el viñedo de Araucana, que tiene condiciones maravillosas. Nos da unos vinos riquísimos y un Merlot que es extraordinario. Sin embargo, nuestra cabeza no puede parar de pensar en estos otros lugares que entraron en el radar en todos esos años de exploración y son un proyecto en carpeta, que ni bien estén las condiciones y los recursos, vamos a movilizarnos también en esa dirección, en seguir plantando y encontrando estos lugares de la Patagonia que tienen oro para el vino». Le pregunto por el futuro de la región y dice: «Hay que mirar a Paso del Sapo y una sierra de granito al norte, desde donde estamos acá, que es más hacia el oeste que es la región norte de Neuquén, donde nace el río Neuquén. Allí hay un valle tipo europeo, con las laderas que caen sobre el río Neuquén y suelos de más de 100 millones de años. Esa región en un futuro puede transformarse en el nuevo Valle de Uco. Tiene la altura y tiene esquisto en los suelos (Los esquistos constituyen un grupo de rocas caracterizado por la preponderancia de minerales laminares que favorecen su fragmentación en capas delgadas). Es oro en polvo, pero no tiene buen acceso y eso hace que todavía hoy sea virgen. Esa región con el paso del tiempo y las mejoras en esos sentidos se va a transformar en una región muy poblada para la producción de vino de gran calidad».

Volvemos a la frenada de origen

Parar y mirar hasta donde de la vista. La inmensidad del lugar te pide tiempo. No serán 33 millones de años. No se necesitan. Para eso está la Bodega Ribera del Cuarzo y sus vinos, que empezaron a escribir esta nueva historia.

Le pedí a Felipe una reflexión sobre el lugar: «Tengo un sueño que es recurrente. Me paro en el jardín de la casa que mira al valle y veo un paisaje totalmente salvaje. Estamos solamente nosotros acá arriba y no hay nadie más y eso también lo hace especial y único. A veces cierro los ojos y me imagino ese valle de noche, con muchas luces encendidas y que sea un faro de pequeñas bodegas haciendo grandes vinos de la Patagonia. Creo que este lugar tiene ese potencial. Nosotros ya lo estamos sintiendo en nuestra bodega, y el paso del tiempo también nos demuestra que hay esperanzas de que haya inversiones y que esto crezca y se transforme en una industria, que de empleo y aporte esa cultura que trae el vino y esa forma de vida».

Este club de Cuarzo contó con los siguientes socios: Marisol de la Fuente, Marcelo Chocarro, Alejandro Iglesias, Rosario Longdon, Felipe Menéndez, el perro Tinto y quien firma.

Los vinos

Colección Araucana

Araucana Río de los Ciervos Malbec Rosé

Araucana Río de los Ciervos Pinot Noir

Araucana Río de los Ciervos Malbec

Araucana Malbec

Araucana Azul

Colección Ribera del Cuarzo

Ribera del Cuarzo Clásico Pátinas Blancas

Ribera del Cuarzo Clásico Merlot Rosé

Ribera del Cuarzo Clásico Merlot

Ribera del Cuarzo Clásico Malbec

Ribera del Cuarzo Especial

Ribera del Cuarzo Parcela Única

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Sarasa. Me avisaron y me quedé. Amo a mi familia y al vino. Mendoza es mi lugar.

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