Así cerró la nota con Agro Recargado el reconocido Gustavo «Lacha» Lazzari. El economista habló con Aconcagua Radio sobre sus productos, la proyección de la carne de cerdo y por supuesto de la economía argentina.
Aquí compartimos la nota que pueden escuchar en Spotify
“La tradición de tu papá era ganar plata, no cortar cerdos”: la contundente definición de Gustavo Lazzari
El presidente de la Cámara Argentina de Chacinados, Gustavo “Lacha” Lazzari, planteó la necesidad de que las empresas y los productores abandonen las “aferradas culturales” y se adapten a un escenario económico donde la competencia será cada vez más fuerte. “A todo sector le llega el Uber”, advirtió.
La economía cambia y las empresas que no cambian con ella corren el riesgo de quedar afuera. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó Gustavo “Lacha” Lazzari, presidente de la Cámara Argentina de Chacinados, durante una entrevista en Agro Recargado.
Lazzari tomó como punto de partida una frase que había escuchado de Claudio Zuccovici, durante una actividad de la Asociación de Ejecutivos de Mendoza: hay que aprender a soltar cuando algo no funciona y dejar de aferrarse a hacer durante décadas aquello que alguna vez dio resultado.
Pero el economista hizo una aclaración importante: no es lo mismo una pyme industrial que una actividad agropecuaria, donde los tiempos productivos son mucho más largos y donde no siempre existe la posibilidad de modificar rápidamente el producto.
“Yo no puedo decirle a un productor de soja: descomoditizate”, explicó, porque se trata de un producto relativamente homogéneo y sujeto a condiciones de mercado que el productor individual no puede modificar.
Sin embargo, sí hay algo que puede cambiar: la manera de producir, administrar, financiar y comercializar.
“A todo sector le llega el Uber”
Lazzari utilizó una expresión de Claudio Zuchovicki para graficar el desafío que viene: “A todo sector le llega el Uber”.
La competencia puede aparecer desde lugares inesperados y obligar a empresas tradicionales a revisar aquello que durante años hicieron de la misma manera.
Para Lazzari, el problema se vuelve todavía más evidente cuando una economía se abre y se estabiliza. En una economía cerrada, explicó, muchos problemas pueden quedar disimulados detrás de ajustes de precios, inflación, tasas de interés o tarifas.
Pero cuando esos mecanismos desaparecen, la competencia empieza a mostrar quién es realmente eficiente y quién solamente sobrevivía gracias a las condiciones del sistema.
Por eso, su mensaje fue directo: hay que acostumbrarse a los cambios permanentes.
Una empresa familiar y una lección brutal
Lazzari contó una experiencia de su propia empresa familiar, vinculada a la industria de los chacinados. Durante décadas, la compañía compró cerdos, realizó los cortes y posteriormente industrializó la carne. Era parte de una tradición familiar que parecía casi intocable.
Pero llegó un momento en que los números dejaron de cerrar. “No me da, no puedo cortar cerdos”, recordó Lazzari. La empresa comenzó a perder dinero, acumuló deudas con proveedores e incluso tuvo que vender un terreno para poder afrontar compromisos.
Fue entonces cuando un colega le propuso cambiar el modelo: dejar de comprar el cerdo entero y comenzar a comprar directamente los cortes para industrializarlos. La primera reacción de Lazzari fue resistirse. Era lo que había hecho su padre. Era la tradición de la empresa. Hasta que recibió una respuesta que, según reconoció, lo hizo cambiar de perspectiva para siempre:
“La tradición de tu papá era ganar plata, no era cortar cerdos.”
La frase resume buena parte de su planteo. La tradición no consiste necesariamente en repetir eternamente un procedimiento. La verdadera tradición de una empresa es encontrar la manera de seguir siendo viable.
El agro también tiene que abrir la cabeza
Lazzari trasladó esa lógica al sector productivo argentino. En su opinión, muchas empresas mantienen formas de trabajar simplemente porque “siempre se hizo así”. Lo mismo ocurre con el financiamiento, los proveedores, los canales comerciales o las estructuras productivas.
“Yo me financio con tal banco hace 40 años”, ejemplificó. Y quizás, en una economía diferente, sea necesario mirar otras alternativas: recurrir al mercado de capitales, buscar nuevas herramientas financieras, incorporar tecnología o consultar a especialistas.
El desafío es dejar de confundir experiencia con inmovilidad.
Para el sector agropecuario, la discusión es todavía más compleja porque los ciclos productivos son largos y las decisiones no pueden modificarse de un día para otro. Pero eso no significa que todo deba permanecer igual.
“Hay que tachar la palabra fácil”
Lazzari fue contundente al describir el escenario que viene: “Hay que tachar la palabra fácil.”
La Argentina, sostuvo, está entrando en un escenario donde no hay demasiado margen para distraerse. Y, pese a las dificultades, aseguró que los argentinos tienen capacidad suficiente para competir. Para graficarlo contó otro dato: una cooperativa de San Nicolás con 86 años de historia atravesó nada menos que 84 ministros de Economía. “En Argentina sembrás con un ministro y lo echás con otro”, resumió.
Esa inestabilidad histórica, sostuvo, acostumbró a los empresarios y productores argentinos a trabajar en escenarios extremadamente difíciles. Ahora el desafío será demostrar que esa capacidad de supervivencia también puede transformarse en competitividad internacional.
Un centavo de dólar para conquistar el mundo
Sobre el final de la entrevista, Lazzari dejó una de sus propuestas más provocadoras. Argentina tiene clima, producción, diversidad, alimentos, carnes, vinos y bebidas. Por eso planteó un ejercicio sencillo: ¿qué pasaría si Argentina pudiera incorporar apenas un centavo de dólar en cada plato que se consume en el mundo?
La idea es sumar valor a través de productos argentinos: vino, chacinados, carne, alimentos y todo aquello que pueda llegar a la mesa de los consumidores. Para Lazzari, existe una enorme oportunidad de crecimiento en la industria alimentaria argentina.
Y cerró con una síntesis que parece casi una receta: “Un buen chacinado, un buen vinito y conquistamos el planeta.”