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Tomate para industria: la superficie cae al nivel más bajo en once años y Tomate 2000 admite que “el golpe fue durísimo”

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El Gerente Guillermo San Martín proyecta entre 4.600 y 4.700 hectáreas para la temporada 2026-2027, lejos de las casi 7.800 del pico de 2022-2024. Mientras la cadena se acomoda a un escenario de costos altos e importaciones abiertas, la asociación entrega a las fábricas un Documento Integral de Trazabilidad que llega hasta el productor.

En su paso por Agro Recargado, en Aconcagua Radio, Guillermo San Martín, de la Asociación Tomate 2000, fue directo al describir el momento de la cadena: “el golpe fue duro, fue durísimo”. Según explicó, crujió todo el esquema: productores, empresas de servicios y también parte de la industria.

San Martín contó que, tras el cambio de gobierno nacional, se entendía que la ecuación iba a cambiar, pero la inercia de años anteriores hizo que muchos esperaran a ver resultados concretos. La temporada que pasó fue, en sus palabras, una “bisagra”: los números hoy están más claros, aunque con costos altos y un punto de equilibrio exigente. Mantener stock se volvió caro, y tanto la cadena comercial como las fábricas, que venían acumulando, cambiaron de lógica.

Rendimientos: dónde está la rentabilidad

Para empezar a tener ganancia, hoy se necesitan entre 80 y 90 toneladas por hectárea, y el margen es acotado. Llegar a 120 toneladas es posible haciendo bien las cosas, y hay un núcleo de productores muy competitivo que alcanza entre 120 y 130. Los costos también varían según la zona y la rotación: quien rota con ajo, por ejemplo, aprovecha lo trabajado en ese cultivo y reduce costos.

La superficie, en retroceso

San Juan sigue liderando, con una estimación de entre 2.300 y 2.500 hectáreas; Mendoza ronda las 1.200 y La Rioja es la tercera provincia productora. A nivel nacional, la proyección está entre 4.600 y 4.700 hectáreas, a confirmar cuando se termine el pronóstico en las próximas semanas. La temporada pasada se superaron las 5.000 (entre 5.100 y 5.200), de modo que la caída continúa, aunque menos de lo que se temía al inicio de la campaña. Hay que tener en cuenta que en la campaña 2023-2024 se llegó a un pico cercano a las 7.800 hectáreas, cuando se alcanzó el autoabastecimiento.

San Martín explicó que parte de esas hectáreas se habían sumado en suelos no óptimos porque había demanda y hacía falta oferta, con rendimientos promedio más bajos y, en muchos casos, sin rentabilidad. Ese ajuste, dijo, era inevitable. A eso se sumó la apertura de importaciones: la pasta de tomate ingresó desde países como Chile y China, y la competencia internacional le puso un techo a la materia prima, justo cuando el precio internacional de la pasta empezaba a bajar tras haber tocado su máximo. El mismo patrón se vio en el mundo: un mercado sobreproducido tras la pandemia, con un consumo que se moderó.

Para qué se usa la pasta de tomate

La pasta es la base de los productos industrializados de tomate: se emplea sobre todo para elaborar puré y, en algunos casos, salsas. El puré representa el 65% del negocio de los productos industrializados de tomate en la Argentina; es el que más se consume y el más barato, por lo que necesita ser competitivo y presiona sobre el precio de la materia prima.

Trazabilidad: de la finca al envase

La otra buena noticia es el Documento Integral de Trazabilidad que Tomate 2000 entrega a las empresas que siguen en el programa. Durante años la asociación registró y analizó información agronómica (rendimiento, defectos, mecanización, riego por goteo) bajo un esquema de mejora continua. Hace cuatro o cinco años las industrias empezaron a pedir también buenas prácticas agrícolas e inocuidad de la materia prima. Por eso, desde la temporada pasada, la comisión directiva decidió sistematizar todo el soporte documental de cada productor en un único informe para las fábricas.

El documento reúne los manejos desde el plantín y los análisis de fitosanitarios previos a la cosecha, y se ordena con el Indicador de Gestión Productiva Responsable. Cada fábrica puede ver en qué rango del indicador está cada hectárea que produce, con el objetivo de que todas lleguen al segmento A, el más avanzado. La información sirve en las auditorías de calidad y ante compradores de supermercados, y permite que, con un código QR en el envase de tomate triturado, se llegue hasta el nombre del productor y la finca de origen.

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