El director de Operaciones de Bodega Norton habló en Agro Recargado sobre su llegada a la bodega, los desafíos de la industria y adelantó una de las principales novedades de su gestión: el relanzamiento de Norton Clásico. También defendió una manera menos solemne de beber vino y sostuvo que el consumidor debe poder disfrutarlo «como quiere y como le gusta».
Silvio Alberto llegó a Bodega Norton después de diez años en Bodega Bianchi, un recorrido que él mismo describe como intenso: viajes constantes, tiempo lejos de la familia y un desgaste que, con el correr de los años, pesó en la decisión. Aclaró que el cambio no respondió a la situación financiera de la industria —que reconoce compleja para todos los actores del sector— sino a una necesidad personal de recuperar cercanía con su familia, sumado a una oportunidad profesional en una bodega que considera emblemática de la vitivinicultura argentina y a solo diez minutos de su casa.
Consultado por los lineamientos que va a imprimirle a su gestión, Alberto adelantó varios ejes: la eficiencia en los procesos de la línea de producción, un manejo más ajustado de inventarios y volúmenes de elaboración para producir exactamente lo necesario, el apoyo a la distribución, y el sostenimiento de la calidad histórica de Norton. A eso sumó el trabajo sobre el manejo de la finca, con identificación de cada lote de viña según su destino productivo —ya sea línea varietal, vino ícono o de media gama— para aplicar la técnica vitivinícola adecuada en cada caso y ganar eficiencia en el costo de la materia prima.
Pero la gran primicia de la entrevista fue el anuncio del relanzamiento de Norton Clásico, una de las marcas más importantes del vino argentino, que según adelantó formará parte central de su gestión al frente de la dirección de Operaciones.
En la parte más distendida de la charla, Alberto se metió en un debate que atraviesa hace tiempo a la industria: el de los protocolos de consumo. Se confesó fanático de tomar vino con hielo y soda —una costumbre que dijo mantener desde hace 25 o 30 años— y cuestionó la tendencia de la propia industria a «juzgar» al consumidor por tomar el vino de una manera no convencional. Recordó que de chicos el vino con agua era moneda corriente en la mesa familiar, y remarcó que quienes viven de que la gente compre una botella de vino no están en posición de decirle cómo debe tomarlo. Para el segmento más informal, coincidió con la mesa en que Sexy Fish, uno de los vinos de Norton, es la etiqueta ideal para acompañar un asado sin protocolo.
Norton mira hacia adelante
La llegada de Silvio Alberto a Norton abre una nueva etapa marcada por la búsqueda de eficiencia, el ordenamiento de los procesos, una mirada más precisa sobre el viñedo y, especialmente, la intención de recuperar espacios en un mercado que atraviesa una profunda transformación. En ese escenario, el regreso de Norton Clásico aparece como una de las primeras grandes señales.