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“Yo hago ejercicio para poder tomar vino”: la confesión de Marcelo Pelleriti

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El reconocido productor y elaborador de vinos habló sobre los cambios en los hábitos de consumo, el avance de las bebidas preparadas y el desafío que enfrenta la industria vitivinícola para recuperar a los jóvenes. “No es por dejar el alcohol”, advierte.

Marcelo Peleritti lleva más de tres décadas ligado al mundo del vino. Su primer vino fue en 1994 y hoy, a los 56 años, asegura que finalmente pudo concretar un proyecto que venía imaginando desde hacía mucho tiempo: producir vinos a partir de algunos de los viñedos históricos que considera parte del patrimonio vitivinícola argentino. Durante la charla se habló de uno de los grandes interrogantes que enfrenta actualmente la industria: ¿Qué está tomando la gente y, especialmente, qué están tomando los jóvenes?

Peleritti no dudó cuando llegó el momento de hablar de sus propios hábitos.

“Yo hago ejercicio y mucho, pero lo hago para poder tomar vino. Después, al extremo ese yo no me pienso ir”

La frase apareció mientras analizaba el avance de los hábitos asociados al fitness y a una vida más saludable. Para el productor, sin embargo, el problema del vino no puede explicarse simplemente por una supuesta decisión de los consumidores de abandonar el alcohol.

El alcohol no desapareció: cambió la forma de consumirlo

Pelleriti observa que las nuevas generaciones están incorporando otras bebidas. En particular, menciona las bebidas preparadas, muchas de ellas enlatadas, que pueden incluso tener una graduación alcohólica superior a la del vino. “Hoy día los pibes toman bebidas preparadas y que tienen más alcohol incluso”, señaló.

Por eso plantea una diferencia que considera fundamental: el consumidor no necesariamente está dejando el alcohol; está cambiando de bebida. 

Marcelo sostiene que la gente joven va a volver a tomar vino. Sostiene que muchos de esos jóvenes podrían volver a consumirlo cuando cambien sus circunstancias personales, laborales y económicas. Su expectativa está puesta en que, cuando esos consumidores alcancen un mejor nivel de vida y tengan nuevas experiencias, entre ellas el vino.

Una crisis que viene desde 2010

La mirada de Pelleriti sobre el consumo no está separada de la crisis que atraviesa la industria. Según explicó, las dificultades comenzaron a hacerse evidentes alrededor de 2010, cuando empezaron a aparecer problemas para vender vino en distintos mercados internacionales.

El diagnóstico actual es todavía más complejo: el consumo mundial cayó, pero especialmente en los segmentos de menor precio. Al mismo tiempo, el consumidor que continúa comprando vino parece inclinarse por productos de mayor calidad. Para una industria como la argentina, esto representa un desafío enorme porque existe una importante estructura productiva vinculada al volumen.

Pelleriti advierte que la crisis todavía no habría tocado fondo. Junto con su socio, Miguel Priore, estiman que recién podría comenzar a observarse algún cambio hacia 2028.

El viñedo como punto de partida

La visión de Pelleriti sobre el futuro del vino también está profundamente relacionada con su manera de entender la producción.

Su proyecto tiene como base dos viñedos históricos del Valle de Uco: uno en La Consulta, plantado en 1910, de unas 11 hectáreas, y otro en Altamira, de 1957, con 4,5 hectáreas. Desde allí construye distintas líneas de vinos, incluyendo elaboraciones provenientes de parcelas y viñedos antiguos. Para Pelleriti, el vino se diseña desde el viñedo. Durante más de una década trabajó en la recuperación de esos espacios, con especial atención a la biodiversidad, la vegetación autóctona, los insectos y las aves. Incluso asegura que lograron reducir las temperaturas medias de sus viñedos como parte de una estrategia para disminuir el impacto del cambio climático. “No somos biodinámicos, somos sustentables y trabajamos mucho con la biodiversidad”, explicó.

El patrimonio que Mendoza está perdiendo

También expresó preocupación por el avance de la urbanización sobre antiguos viñedos de Mendoza. Luján de Cuyo y Maipú aparecen como ejemplos de una transformación que considera “tristísima”. Para Pelleriti, el problema no es solamente la pérdida de una finca. Lo que está en juego es el material genético acumulado durante generaciones. “Mendoza tiene un patrimonio que es impresionante”, sostuvo, y destacó la cantidad de material genético antiguo que todavía existe en Argentina y que, según su mirada, no se encuentra fácilmente en otros países.

El desafío, entonces, no es solamente producir vino hoy. También es conservar los viñedos que permitirán producir los vinos del futuro.

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