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El tomate industria pierde terreno: alertan que la superficie cultivada cayó más de 50% y piden un cambio de estrategia

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El tomate industria pierde terreno: alertan que la superficie cultivada cayó más de 50% y piden un cambio de estrategia

El tomate industria pierde terreno: alertan que la superficie cultivada cayó más de 50% y piden un cambio de estrategia

El ingeniero agrónomo Luis Cuitiño, especialista de Cuyo Seed y referente del sector, advirtió que la industria del tomate atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. La competencia de la pasta importada, la caída de la superficie sembrada y la necesidad de apostar por productos de mayor calidad aparecen como los principales desafíos para una actividad clave de las economías regionales de Cuyo.

La industria del tomate argentino enfrenta una paradoja. Mientras el consumo interno se mantiene estable y el país posee productores capaces de alcanzar rendimientos comparables con los mejores del mundo, la superficie cultivada se reduce año tras año y la rentabilidad del negocio se deteriora.

Para el ingeniero agrónomo Luis Cuitiño, de Cuyo Seed, la explicación está en un mercado internacional que volvió a inundarse de pasta de tomate barata y en una industria local que todavía depende demasiado de productos donde la única variable de competencia es el precio.

Durante una entrevista en Agro Recargado, el programa de Aconcagua Radio conducido por Pablo Pérez Delgado y Marcelo Bustos Herrera, el especialista aseguró que el sector necesita dejar de mirar únicamente el commodity y comenzar a desarrollar alimentos con mayor valor agregado.

La producción de tomate industrial sigue achicándose

Según explicó Cuitiño, Argentina pasó de sembrar alrededor de 8.000 hectáreas en 2023 a unas 5.000 hectáreas la temporada pasada, mientras que para la próxima campaña se esperan apenas 3.700 hectáreas, lo que representa una nueva caída cercana al 25% respecto del último ciclo y más del 50% frente a dos años atrás. La principal razón es la fuerte baja del precio internacional de la pasta de tomate. Con China nuevamente abasteciendo los mercados mundiales y una oferta abundante, muchas industrias encuentran más conveniente importar pasta concentrada que asumir el riesgo de producir materia prima en el campo. «Cuando tenés pasta muy barata, algunas industrias eligen importar para ser más competitivas y evitar el riesgo de producir», explicó el especialista.

El problema no es producir más tomate, sino producir mejores alimentos

Para Cuitiño, el error sería intentar responder únicamente aumentando el volumen. El verdadero desafío pasa por desarrollar productos diferenciados que permitan escapar de la competencia por precio.

Entre ellos mencionó:

  • tomates pelados premium;
  • tomates cubeteados;
  • pasatas;
  • salsas elaboradas directamente desde fruta fresca;
  • productos gourmet con identidad propia.

La calidad empieza en la semilla

Uno de los conceptos que más remarcó durante la entrevista es que el verdadero diferencial nace mucho antes de la fábrica, comienza en la genética. Como representante en Argentina de las semillas desarrolladas por Heinz, Cuitiño explicó que existen variedades especialmente seleccionadas por su color, viscosidad, contenido de sólidos solubles (grados Brix) y bajo pH.

Estas características permiten elaborar productos sin necesidad de agregar espesantes, colorantes o excesivas correcciones químicas.

«No podemos hacer un ketchup premium con cualquier tomate. Es como querer elaborar un gran Malbec utilizando uva criolla», comparó.

Incluso señaló que utilizar variedades con pH naturalmente bajo puede representar un ahorro cercano a 700 dólares por cada lote de semillas, simplemente porque reduce la necesidad de acidificar el producto durante el proceso industrial.

Argentina juega el torneo local

Una de las metáforas más gráficas de la entrevista fue la comparación futbolera.

Según Cuitiño, mientras países como Chile trabajan pensando en competir en la «Champions League» de la industria alimentaria, Argentina todavía juega el campeonato local. Su experiencia asesorando empresas chilenas y visitando industrias de California le permitió observar modelos donde las fábricas desarrollan salsas personalizadas para cadenas gastronómicas, restaurantes y grandes clientes internacionales.

La productividad también tiene una deuda pendiente

Aunque Argentina cuenta con productores capaces de superar las 170 toneladas por hectárea, el promedio todavía está lejos de esos valores. Según los datos de Tomate 2000 mencionados durante la entrevista, San Juan promedia 94,7 toneladas por hectárea, Mendoza 71,4 y La Rioja 57,3. El problema, dice Cuitiño, no está en quienes obtienen excelentes rendimientos, sino en aquellos productores que siguen trabajando muy por debajo de los niveles necesarios para cubrir costos. Para revertir esa situación propone impulsar empresas de servicios agrícolas, como ocurre en Chile, que permitan a pequeños y medianos productores acceder a maquinaria, trasplante mecanizado y tecnología sin tener que realizar grandes inversiones individuales.

Un mito que también hay que derribar

Otro de los ejes de la charla fue el prejuicio que existe sobre el tomate destinado a la industria. Cuitiño fue contundente: el tomate industrial no es un descarte. Muy por el contrario. Se trata de variedades especialmente desarrolladas para soportar la cosecha mecánica, madurar completamente en la planta y ofrecer mejores características para la elaboración industrial. Además, recordó que las empresas vinculadas a la Asociación Tomate 2000 realizan controles de residuos de agroquímicos antes del ingreso de la materia prima a fábrica.

El desafío ya no pasa por producir más, sino por producir mejor

La crisis que atraviesa el tomate industrial argentino expone un cambio profundo en las reglas del negocio. Competir únicamente por precio frente a la pasta importada parece cada vez más difícil. La alternativa, según Luis Cuitiño, es aprovechar el conocimiento técnico acumulado durante décadas, fortalecer instituciones como Tomate 2000, incorporar tecnología y apostar decididamente por productos diferenciados.

Porque, como ocurre en el vino, la calidad empieza mucho antes de que el consumidor abra el envase: comienza en la semilla.

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Sarasa. Me avisaron y me quedé. Amo a mi familia y al vino. Mendoza es mi lugar.

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