
De la pesca a la “agricultura del agua”
Maglio explicó que la acuicultura representa un cambio de paradigma: dejar de “cazar” en el mar para pasar a producir de manera controlada. La actividad incluye no solo peces, sino también moluscos, crustáceos y algas, y surge como respuesta a la fuerte presión que sufren los ecosistemas marinos.
“La biodiversidad en los océanos cayó drásticamente en los últimos 50 años”, advirtió, subrayando la necesidad de sistemas más sustentables.
Un sector en crecimiento, pero con mucho por desarrollar
En Argentina, la acuicultura muestra un crecimiento acelerado. Según datos aportados por el especialista, la producción pasó de 2.000 a 9.000 toneladas en pocos años. Sin embargo, el país aún tiene una participación menor a nivel global.
El dato clave: la plataforma marítima argentina está considerada entre las más aptas del mundo para el desarrollo de acuicultura en mar abierto, un segmento donde todavía no hay explotaciones a gran escala.
Uno de los ejes de la entrevista fue el potencial de Mendoza. Con ríos de deshielo y varios embalses, la provincia reúne condiciones ideales para el desarrollo de proyectos acuícolas.
Maglio planteó que Mendoza podría especializarse en la producción de alevines (juveniles de peces) y genética, abasteciendo a otros mercados. “No necesariamente requiere inversiones gigantes, pero sí planificación y conocimiento”, explicó.
Ambiente y producción: el desafío de hacerlo bien
Frente a las críticas sobre el impacto ambiental, el especialista aclaró que los problemas registrados en algunos países estuvieron ligados a malas ubicaciones y falta de regulación en los inicios de la actividad.
Hoy, el enfoque apunta a sistemas en aguas más profundas y abiertas, donde las condiciones naturales permiten una mejor dispersión de residuos y reducen la necesidad de antibióticos.
Un modelo con impacto económico
El ejemplo internacional es contundente: Chile y Noruega concentran cerca del 90% de la producción mundial de salmónidos. En ambos países, la acuicultura es una de las principales fuentes de exportación y empleo.
“Argentina tiene todo para posicionarse entre los principales productores”, afirmó Maglio. El desafío, concluyó, será avanzar en marcos regulatorios e inversiones que permitan aprovechar ese potencial.