
Hacer vino, elaborar vino, tomar vino, disfrutar el vino. La pregunta es desde qué lugar.
Es habitual encontrar noticias de personajes de distintos ámbitos lanzando sus vinos. Desde qué lugar es la pregunta que cada uno debe responder. Antiguo Legado tiene su respuesta: es en modo vigneron. Viticultor y vinificador. Cultiva sus propias uvas y elabora su propio vino. Pero no lo hace en lo que consideramos lugares clásicos, cerca de la montaña. Todo lo contrario. Está a 20 kilómetros del Atlántico en línea recta, cerca de Villa Gesell, por un hermoso camino de tierra que conjuga girasoles, cortaderas y vacas. El lugar se llama Paraje Macedo, en el partido de General Madariaga. La zona fue en sus comienzos, hace algo más de un siglo, productora de manzanas, luego plantaciones de duraznos y hoy un importante productor de kiwi. El lugar respira frutas. En General Madariaga se fundó la fábrica donde se elaboraba Sidra La Victoria. Las hectáreas de manzanares se multiplicaban de a cientos y hubo prosperidad. Hasta que en los años 70 se decidió el traslado de gran parte de la sidrera al Alto Valle del Río Negro, zona de producción por excelencia y se produjo el éxodo. Testigo muda es la estación del tren.
Macedo y su incipiente historia vitícola
El dueño actual del Kiwal de Macedo es un italiano, que también tiene plantaciones en Verona y Bérgamo. Federico Olivieri lleva adelante en una finca a pocos kilómetros de su casa y de la bodega casi 6 hectáreas de vides de varias cepas: Pinot Noir, Petit Verdot, Tannat, Sauvignon Blanc, Malbec, Marcelán, Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon.

Uvas y kiwis conviven sin pelearse. Federico explica a Alterrados cuando comenzó esta nueva historia.
“A partir de 2020 nosotros empezamos con un proyecto vitivinícola para buscar un perfil de vino diferente, un perfil de vino oceánico. El 2022 fue la primera vendimia. Arrancamos con el kiwi y terminamos en el vino por la pasión que tenemos los italianos hacia todo lo que es la producción vitivinícola. Para nosotros el vino es un alimento fundamental desde siempre. Tenemos ese recuerdo de los abuelos, cuando se producía ese vino para el consumo de la familia, y esa fue la razón que me trajo a intentar este proyecto vitivinícola en una zona, podríamos decir, inesperada”.
Vinos oceánicos, salinos, sápidos
Así los califica Federico. Sin medias tintas quiere que el vino vuelva a estar en la mesa y que deje de complicarse. Insiste en que es un gran alimento. Le molesta que prefieran darle gaseosa a los chicos y muchos se horroricen cuando se les hace probar un vino bien diluido en agua a los pibes, para que vayan incorporando nuevos sabores.

La pregunta obligada es: ¿Qué propones vos frente al tema de la baja del consumo?
«Principalmente habría que rever la ley de Tolerancia Cero, que es demasiado estricta con el consumo. Le afecta demasiado al vino que no deja de ser una bebida que para Argentina es típica y parte de la cultura. El vino es, por ley, bebida nacional, entonces es un valor agregado para la gastronomía argentina. Y hay que volver a comunicarlo a la gente de una manera más básica y hacer que el consumidor se sienta involucrado en los proyectos vitivinícolas. Volver a hablar de vino de una manera simple para que todos lo puedan entender y que no sea excluyente. El vino es una bebida muy versátil, podemos buscar diferentes maridajes con lo que es la cocina, en los distintos terroirs podemos tener diferentes perfiles de vino dentro del mismo varietal, entonces eso tiene un potencial inmenso».
Vos notás que la comunicación del vino se fue para otro lado.
«Yo creo que sí. Hay todo un círculo de sommeliers, críticos, enólogos, que se retroalimenta solo, hablan del vino en un idioma que la gente de a pie por ahí no entiende o se aburre o prefiere ir a otra bebida porque en definitiva es como que se complicó demasiado el vino. El vino no deja de ser la bebida más fácil del mundo, después del agua, porque no hay nada más que uva producida con mucho amor por parte de los viticultores y después vinificada por parte de los enólogos, pero no deja de ser una cosa muy sencilla que acompañó al hombre durante toda la historia y realmente no es nada difícil ni complejo».

La influencia del océano en el viñedo
Federico también habla del suelo, de ese terruño tan diferente al que estamos acostumbrados en el oeste argento: «La brisa del mar trae la sal que después va haciendo que esos vinos tengan siempre esa sapidez bastante marcada. Los suelos donde estamos plantando fueron lecho del mar, entonces en profundidad encontramos bancos de arena. Todo eso hace que el clima húmedo, siempre fresco, y los días nublados no permitan a la uva madurar demasiado. Los vinos mantienen la tipicidad varietal y una acidez vibrante que lo hace justamente vino típico de clima oceánico. Creo que lo que está faltando en Argentina es justamente explorar distinto terroir y salir un poco de lo que es la zona de Cuyo. Hay que apuntar a buscar diferentes estilo de vino y proponer proyectos vitivinícolas en zona distinta para justamente lograr vinos diferentes. Los vinos que estamos produciendo con el enólogo César Cárdenas en Macedo son más bien parecidos al perfil de vino europeo, con ese cuerpo no tan cargado, no tan pesado como pueden ser los vinos de la región de Cuyo. Acá siempre tenemos vinos bien frutales, frescos, de cuerpo medio o ligero y la nota que aporta el mar.
Me gustaría que me dieras un panorama de lo que es vivir en esta zona, que estás muy cerca de una zona turística, super turística, pero por otro lado en medio del campo.
«A mí me encanta el campo, la naturaleza y la paz que tenemos acá, alejados de todo lo que es la ciudad, de andar corriendo. Acá es todo al revés, todo muy tranquilo, todo muy relajado. Obviamente hay que bancarse el frío en invierno, hay que bancarse el calor al verano, digamos que estar alejado de todo lo que es el pueblo hace que sea una vida mucho más tranquila y mucho más en contacto con la naturaleza, que es justamente lo que yo buscaba cuando me fui de Italia y tomé esa decisión de venir a vivir a Macedo».
En Instagram: @antiguo_legado