Con el objetivo de recuperar y valorizar las variedades autóctonas de vid y diversificar la oferta varietal, en el año 2011, investigadores del INTA Mendoza, en Luján de Cuyo, identificaron, a través de marcadores moleculares, un grupo de 40 variedades criollas, de las cuales 28 no eran conocidas, algunas promisorias para elaborar vinos de alta calidad.
Uno de los protagonistas del proyecto, el ingeniero agrónomo e investigador Jorge Prieto explicó que «gracias a la herramienta de análisis molecular, que estudia partes específicas del ADN, las pudimos identificar genéticamente, conocer su origen y los posibles progenitores involucrados de 28 variedades criollas diferentes, de las cuales 18 corresponden a genotipos no conocidos y 10 a variedades ya estudiadas. Entre las conocidas se encuentran Cereza, Criolla grande, Pedro Giménez y Torrontés riojano».
Para conservar este germoplasma y continuar con la investigación a lo largo del tiempo, implantaron -en su campo experimental- una colección de 60 variedades criollas.
Alterrados, Agro Recargado y Semanario de Cuyo estuvieron con los que saben del tema. Mirá las notas con Victoria Brond, Lucas Niven y Juan Cristóbal Roby.